PADRES QUE EDUCAN CON FLEXIBILIDAD, EDUCACIÓN DEMOCRÁTICA


Estos Padres educan con reglas claras pero flexibles, con un control  que otorga libertad y exigencia adecuadas para las diferentes edades.

  • Tratan de enseñar al niño a ser responsable, tomar decisiones sin dejarlo solo y apoyarle durante toda su educación.
  • Se basa en el diálogo entre los padres e hijos, se razonan y explican las normas impuestas (se pueden negociar). Se ponen límites y se hacen respetar las normas.
  • Se les castiga cuando es necesario (se critican aquello que han hecho, y no a ellos) y se les refuerza o premia cuando lo hacen bien.
  • Hay una relación de respeto entre padres e hijos, predomina el afecto entre
  • Los padres fomentan el crecimiento y la madurez de su hijo, ayudándole a adquirir nuevas habilidades pero sin presionarlo para aquello a lo que todavía no está preparado.
Consecuencias Educativas de este estilo educativo

Los niños educados bajo este estilo son niños con un alto grado de autonomía, cariñosos, con una elevada autoestima y control sobre sus conductas. Son niños seguros de si mismos, por lo que tienden a alcanzar sus objetivos, saben tomar decisiones, son responsables.  Tienen muy buenas habilidades sociales por lo que les es fácil relacionarse con los demás.

Que tan bueno es decir NO a los hijos

  • Se debe evitar abusar del NO porque perdería su valor, utilizarlo solo cuando sea realmente necesario,  sin gritar pero con tono firme y contundente para que el mensaje que le llegue al niño no sea contradictorio, por ejemplo “ si cuando un niño de un año se acerca al fuego se le dice con voz dulce: “cariño no te acerques al fuego que te quemas” mientras lo alejan del peligro, el niño no estará seguro de lo que está pasando y probablemente lo volverá a hacer.
  • Los límites son interpretados por el niño como una prohibición  de algo que quiere tener o hacer y no todos reaccionan de la misma manera ante un NO, los hay que lo aceptan y otros que se quejan y rebelan. Sea cual sea la  se debe estar preparado para afrontar  y superar, lo importante es mantener la calma y firmeza ante la decisión y no dejarse llevar, ni superar, por la conducta del niño.
  • Los límites deben ser acordes con la edad del niño, por lo tanto, a medida que éste crezca, los márgenes deberán ir variando para adaptarse a su desarrollo. Por ejemplo, es normal que a un niño de 3 años no se le deje quedarse a ver la tele hasta las 12 de la noche, pero si un chico de 10 años pide quedarse hasta más tarde los sábados por la noche, quizá sea hora de ampliar el horario límite para que se vaya a la cama.
  • No debe usarse  el  NO gritando o riñendo, ni como una respuesta vengativa o como una herramienta para pacificar una situación.
  • NO debe  negarse constantemente todo,  pensando que si se cede en algún momento, el hijo perderá el respeto al padre. Se trata de que ambas partes convivan y disfruten con ello. Se tiene  que encontrar el equilibrio y reconocer cuando hay que relajarse y cuando hay que mantenerse firme. Por ejemplo, si cuando una madre está en el parque, con su hijo de 3 años, va detrás de él con frases como “no te subas tan alto que te caes”, “no te tires por el suelo que te manchas el pantalón nuevo”, “no te metas las cosas en la boca”… el niño se frustra antes de empezar y dejará de tener la curiosidad que lleva al aprendizaje. Lo mejor es preguntarse ¿hay peligro?, ¿es realmente un problema que se manche la ropa?, ¿existe riesgo para su salud? Y entonces relajarse y cambiar las frases por otras del tipo: “estás subiendo muy alto, me quedo a tu lado por si necesitas ayuda”, “madre mía como te estás poniendo, en cuanto lleguemos a casa a la ducha”, “no te metas las cosas en la boca”. Decir que NO ha de ser el complemento al SÍ que les hace entender que hay unos límites y que pueden hacer muchas cosas pero no todas.
  • Poner límites es decir “no”, porque no todo es posible. Lo primero que hay que tener en cuenta es que el límite es una manera de proteger al niño. Significa marcar de forma muy clara y específica hasta dónde pueden llegar. Los niños necesitan aprender lo que está bien y lo que está mal, necesitan saber que no pueden tener todo lo que quieren, y aprender a superar las frustraciones que se presentan en la vida.
  • Poner límites es decir “no”, porque no todo es posible. El “no” y la frustración son constitutivos de la personalidad del niño, introducen el tiempo de la espera, donde no todo puede ser satisfecho inmediatamente. Con ello, conseguiremos alimentar y fomentar la paciencia, la reflexión, el diálogo y la capacidad de tolerar la frustración.
  • Poner límites es una cuestión de autoridad, que no debe confundirse con autoritarismo: Retos, castigos y penitencias, responden a otras cuestiones, nunca son verdaderos límites. Cuando se impone un límite con exceso de severidad, de una manera inflexible, más que ayudar al niño, se lo restringe en sus posibilidades.
  • El límite no es una descarga verbal de gritos e insultos, de padres irritados frente a la demanda insistente del niño. El niño -con su conducta desbordada- está pidiendo que se lo contenga, que un adulto pueda frenarlo, un “no” que lo limite y lo asegure.

PADRES Y MADRES educan con NORMAS cuando.....

  • Muestran una clara decisión en sus actuaciones.
  • Exigen aquello que el niño(a)  puede hacer y le proponen metas alcanzables.
  • Crean "rutinas", costumbres, en casa y animan su cumplimiento,  establece "normas" de        relación o convivencia en la familia.
  • Señalan limites adecuados a sus comportamientos.
  • Promueven el esfuerzo y la constancia en la conducta de sus hijos  (la autodisciplina).
  • Animan a que desarrollen conductas de autonomía y a confiar en sus potencialidades.
  • Dicen "No" a peticiones, exigencias o conductas inapropiadas.
  • Actúan con orden y se muestran consecuentes.

Las NORMAS facilitan la adquisición y el mantenimiento de los HÁBITOS DE AUTONOMÍA Y DE CONVIVENCIA… y  así  los hijos aprenden que deben ser respetuosos con ellos mismos y con los demás y que hay conductas, normas y pautas que todos debemos seguir.   Hay situaciones más fáciles de resolver que otras pero no se debe olvidar que la solución no es imponer sino reflexionar. En algunos casos lo mejor es buscar una solución conjunta. Un padre  debe dialogar y escuchar a su hijo, para que el aprenda a hacerlo.
  
Los investigadores destacan la necesidad de que padres y madres pongan esfuerzos “en aspectos muchas veces descuidados”, como la comunicación, las relaciones cordialesel interés por sus problemas y la explicación razonada de las consecuencias de sus actos. “Actividades que en última instancia demandan entrega, dedicación y atención”.








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